30 nov. 2010

Detesto los números. Desde Secundaria, ya en el primer curso, se me daban bastante mal. Supongo que fue debido al mal profesor que tuve (en serio, no es por culpar a otro), quien no me aceptaba e intentaba rebajar mi puntuación cuando y cuanto podía. ¡Venga ya! Eso es la antítesis del buen profesor... Es difícil aprender y progresar en algo si tu mentor no coopera. En una ocasión llegué a suspender con un 4'95...El señor jugaba duro, y aunque al final pude superarlo, me asoció las matemáticas a lo difícil e intratable. Podría haberlo hecho mejor conmigo, Don Alfonso...

El único número que acepto es el 8... tumbado.
¿Y esas personas que se divierten con operaciones largas y complejas? La verdad que algo de envidia sana sí que les tengo: me alegro por ellos y por que alguien haya sabido cómo enseñarles. Estoy convencido de que absolutamente todo está condicionado por el interés que le aportemos, es lo que ordena las prioridades en la vida. Espero ser capaz de hacer que mis futuros alumnos muestren interés por lo que tendré que explicarles.

Por otro lado, ante mi incompetencia en ese campo trato de autoconsolarme  pensando que los números no son más que un invento que facilita el entendimiento de algunas cuestiones... un invento que si no hubiese visto la luz (probablemente estaríamos más atrasados como especie), alguna otra estrategia se habría encargado de cubrir su puesto.

                      ...feliz undécimo mesiversario, corazón. Mi vida es amarte.

28 nov. 2010

Sirio

En este fin de semana, tras una rutina de viernes realmente pésima (discusiones, aburrimiento y mucha indiferencia) volví a casa por el camino de la estación. Hacía frío, pero me detuve un momento a ver el cielo oscuro y despejado... como hoy [las estrellas siempre resplandecen más a tu lado, mi amor]. Por un instante sentí la lejanía del astro que brillaba con más fuerza: Sirio.


Recordé un momento de hacía años, en bachillerato. El profesor nos hablaba de una aparentemente descabellada teoría de un filósofo griego, quien defendió toda su vida que las estrellas estaban pintadas en una capa muy exterior que rodea a nuestro planeta. ¿Por qué no? No se ha podido demostrar lo contrario, aunque a nadie se le pase por la cabeza esa creencia... así que sigue sin desmentirse. Me encanta. Es más, yo tengo otra: ¿Y si los 'astros' fueran agujeros en una tela enorme que nos envuelve, protegiéndonos de una inmensa estrella que pretende alumbrarnos por dichos orificios? No me la pueden negar tampoco...

Siento que necesito saber cómo son los puntitos blancos a simple vista tan inalcanzables... ¡lo tengo que averiguar, esa estrella ha sido un regalo!